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viernes, 12 de mayo de 2017

Formaciones de vuelo en aves

El vuelo es la facultad más característica de las aves, y en consecuencia, todo su organismo ha experimentado cambios que han tendido a favorecerlo. Algunos de esos cambios han favorecido la reducción de peso facilitando el vuelo, como la neumatización de los huesos, la pérdida de dientes y de la vejiga, la fusión (anquilosis) de algunas de sus articulaciones, e incluso en la mayoría de las especies la presencia de un solo ovario. Otras sin embargo actúan sobre el aerodinimamismo de las aves, algo que ayuda a la hora de volar reduciendo cuantitavamente el gasto de energía durante sus desplazamientos, como la aparición del álula o presentar genitales intrabdominales, o en otros casos han sobredesarrollado algunos huesos como el esternón, dando lugar a la quilla, capaz de soportar la musculatura pectoral necesaria para lograr el vuelo batido a través de sus extremidades anteriores o alas, aunque entre todas las adaptaciones, sin duda alguna la más curiosa y obvia ha sido la fabricación de plumas, una estructura queratinosa única e imprescindible en la facultad del vuelo para mantener la sustentación del ave, así como para otras funciones como la termorregulación, el camuflaje, el cortejo o la comunicación social. A todas estas cualidades físicas que favorecen el vuelo en aves, habría que añadir un componente social, la aparición de las formaciones de vuelo sincronizado, especialmente desarrollado en especies migradoras de mediano y gran tamaño, algo que durante siglos ha fascinado al ser humano y que parece tener mayor importancia de lo que se pensaba según los últimos estudios sobre el tema.


Distintas especies de aves en formación de V: Garza imperial (Ardea purpurea),
grulla común (Grus grus) y gaviota sombría (Larus fuscus).