Son organismos ubicuos, podemos encontrarlos en todos los ambientes, a todas las latitudes y sobre casi cualquier sustrato, hablamos de la flora dominante en el 8% del planeta, los líquenes. Como todo el mundo sabe, los líquenes son asociaciones simbióticas entre un alga y un hongo, donde el alga aporta la materia orgánica al realizar la fotosíntesis y el hongo obtiene el agua y las sales minerales del medio, pese a lo hostil que este pueda llegar a ser. La parte vegetal se conoce como fotobionte, en su mayoría algas y cianobacterias, y la parte del hongo como micobionte, que en gran parte de los casos son especies que tan solo pueden vivir en simbiosis liquénica. Se calcula que existen unas 20.000 especies en todo el mundo, y su gran adaptación ha hecho posible que habiten todos los rincones de la tierra, e incluso el espacio (en 2005, según datos de la Agencia Espacial Europea, dos especies de líquenes antárticos fueron capaces de sobrevivir en el espacio sin ningún tipo de protección).
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| Líquenes sobre el pie muerto de un olmo (Ulmus minor) |
Los líquenes poseen múltiples cualidades farmacéuticas, alimenticias o cosméticas, y actúan como unos fantásticos bioindicadores, reduciendo su capacidad de colonización en las zonas donde la contaminación atmosférica es alta, pero quizás, una de las cualidades más importantes de estos organismos sea la creación de suelo fértil. Debido a sus escasos requerimientos, los líquenes son pioneros colonizadores vegetales, que con su proliferación van descomponiendo poco a poco las rocas, creando junto a sus propios restos un sustrato fértil para que especies vegetales más complejas puedan comenzar a desarrollarse. Su forma más habitual de reproducción es a través de los soredios, una especie de brotes que contienen material genético del hongo y el alga, y que dispersados por el viento viajarán hasta encontrar las condiciones más propicias para su desarrollo.